La canal histórica

La canal de Navarrés integra los municipios de Anna, Bicorp, Bolbaite, Chella, Enguera, Millares, Navarres y Quesa.

Gran parte de estas poblaciones se encuentran unidas por la Mancomunidad de La Canal de Navarrés, Anna, Bicorp, Chella, Navarres e incluyendo la pequeña población de Estubeny.

Esta guía ofrece a sus visitantes la información necesaria para admirar sus impresionantes paisajes, evocar su pasado, contemplar sus vestigios culturales y conocer sus tradiciones. Estas poblaciones acordonan el Macizo del Caroig siguiendo una línea en forma de media luna, como demuestra el trazado de la carretera que las une de Enguera a Bicorp.

Entre estos municipios, Enguera abarca más territorio con su gran sierra, Anna es el agua, con su Albufera, Estubeny es la tranquilidad, con manantiales cristalinos, Sella destaca por su asombrosa Salto de Agua en el barranco del Turco, Navarres es naturaleza viva, con sus pinadas y los abruptos barrancos del río Grande, y Bicorp, bañada por las transparentes aguas del río Fraile, esconde toda una galería de arte incrustada en sus montañas.

Las señas de identidad de esta comarca se manifiestan en su pasado histórico común, caracterizado por el ir y venir de diversas culturas que han legado al territorio un patrimonio histórico singular digno de ser  la pintura rupestre, declarada en conjunto Patrimonio Artístico e Histórico de la Humanidad en 1998.

Por la Canal de Navarrés se observan las huella de sus pobladores prehistóricos. Abrigos, cuevas, poblados, asentamientos y pinturas nos remiten a los orígenes más remotos de la civilización. El más antiguo de los yacimientos se encuentra en las Fuentes, en Playamonte, Navarrés de la época paleolítica. Así, también en Navarres se encontraron restos en la Ereta del Pedregal, en la Marjal, en Chella, en el Barranco del Lobo, del Neolítico, y en Bicorp, poblados como el  de la Rotura. Todos pertenecientes al Neolítico o la Edad de Bronce. Pero los vestigios más impresionantes se encuentran representados artísticamente en bellos parajes de la comarca. Son las huellas milenarias del Mesolítico, marcas impresas del conjunto de pinturas que forman parte del llamado Arte Rupestre Levantino, en su primera etapa de carácter naturalista y narrativo, con representaciones de escenas complejas de caza, guerra o tareas cotidianas, como la escena conocida internacionalmente de la recolección de la miel en la cueva de la Araña (Bicorp). En Navarrés, se encuentra el abrigo del Garrofero, en el Río Grande, que alberga representaciones figurativas de escenas caza y diversos animales, también en Navarrés, cerca de la Boquera del río Escalona, encontramos la cueva del Barbero, de figuras más esquemáticas y tardías, y un acantilado en el que se representan el el mismo estilo diez semblantes humanos, denominados Carasetas. También en la misma línea artística, los diez abrigos del Buitre, en el barranco Moreno, conforman toda una galería al aire libre en Bicorp.

 

Caballo de Piedra

La cultura ibérica también dejó su impronta a lo largo de toda la comarca, en Chella se encuentran restos del yacimiento ibérico de los Secanos Altos y la Covachas del Barranco del Turco. En Bicorp, el poblado ibérico del Castillo de los Morcones se asienta sobre otro anterior. En Navarrés, destaca una pieza de barro cocido, de pequeñas dimensiones de color rojizo con adornos de tono blanco que representa un animal y al que se le conoce con el nombre del Caballito de la Traviesa, adscrito también a la época ibérica.

Con la llegada de la civilización romana, los núcleos de población que se localizaban en cerros y colonias se trasladan a los valles fértiles. De hecho, existen restos de numerosas villas romanas en la Villa de Rústica (Navarrés), o el poblado romano de la Moleta en Anna.

La dominación musulmana tuvo especial importancia en nuestra comarca, y proliferaron las alquerías de Anna a Bicorp, donde los musulmanes convivían con las comunidades existentes. A partir de los s. XII-XIII, en esta zona plenamente musulmana se construye una red defensiva de fortalezas en los puntos más altos de cada localidad para refugiar a sus habitantes en caso de peligro. Por ejemplo, el castillo de Navarres, levantado sobre un poblado del Bronce, con su función defensiva, y el de Bicorp. Documentos del s. XII hablan también del castillo y las salinas de Anna.

Los árabes también dejaron huella en el casco antiguo de nuestros pueblos: calles estrechas desiguales y enrevesadas y la distribución de las poblaciones en torno a una plaza, junto a la mezquita y el horno. De los árabes se adoptaron sus técnicas para trabajar la tierra, los sistemas  para elevar el agua (como la noria, accionadas por la tracción del agua o de un animal). De los árabes también conservamos muchos topónimos, incluso diversos nombres de nuestros pueblos tienen su origen en la toponimia árabe.

La vida de nuestra comarca se alteró con la llegada de Jaime I el Conquistador, que pretendía fijar una frontera con Castilla. Tras diversas batallas, se cedió Enguera  a la Orden de Santiago para su defensa y repoblación, siendo el único lugar cristiano de la comarca, a excepción de sus aldeas. De esta manera, quedó fijada la frontera con Castilla, y la paz llego a estas tierras.

Los pueblos de la Canal de Navarrés pasaron por las manos de familia nobles como los Vilanova, los Condes de Cervellón, los Condes de Oliva, los duques de Gandía y los Borja. Todo cambia a partir de la expulsión de los moriscos ya que la mayor parte de la población de la Canal era Morisca. Sólo Enguera presentaba una colonia cristianas representativa y numerosa y esto suponía una gran cantidad de problemas raciales, económicos y sociales.  Para solucionar estos problemas, se optó por la expulsión de los moriscos: los de Navarrés y Bicorp fueron los últimos en rendirse, y se recluyeron en la Muela de Cortes; y otros, la mayoría, fueron expulsados del país. Este despoblamiento repentino provocó una fuerte crisis de mano de obra que perduró todo el siglo XVII.

En la primera mitad del s. XVIII, estos pueblos vivieron un crecimiento económico y demográfico al amparo de las Cartas Puebla. Los señores de estas tierras marcaron las directrices de la repoblación y, de hecho, algunos de los repobladores de La Canal fueron cristianos de la vecina Enguera. Chella, por otra parte, experimentó el mayor crecimiento económico agrícola de Valencia, debido a la transformación de secanos en huertas, aprovechando la fuente del Abrullador. Aunque durante s. XVIII comienza a despuntar la industria de la lana, no hay que olvidar que en La Canal de Navarres la introducción de la manufactura textil se remonta al s.XVI. En 1632 se construye en Anna una casa de tinte; en 1702 se construye un lavado de lanas aprovechando las aguas el río de Enguera (fuente de Marzo), se empieza a utilizar el torno de hilar y a mediados del siglo se produce el verdadero engrandecimiento de este sector.

En el s. XIX la manufactura comenzó a mecanizarse, y se levantaron nuevos edificios en Anna, Chella y Estubeny para que sus abundantes aguas movieran estas máquinas.

A lo largo del siglo XX nuestra industria textil no puede competir con comarcas colindantes que avanzan más deprisa. Esto fue el comienzo de una crisis económica que llega hasta nuestros días, y que ha supuesto la pérdida como foco principal de servicios que históricamente había ostentado Enguera a favor de Xátiva,  mucho más poderosa económicamente. La comarca ha iniciado un nuevo período de recuperación económica y de reivindicación de su idiosincrasia: se han realizado planes de desarrollo como alternativa a la agricultura tradicional (destaca la floricultura de Navarrés), la promoción del Turismo Rural y el apoyo al colectivo emprendedor tan arraigado en la comarca.

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